01. Plazoleta Polloe

  • Año: 1879-1905
  • Arquitecto: José de Goicoa
  • Escultor: Jacinto Mateu

El arquitecto José de Goicoa, desde su oficina en la Parte Vieja y desde su gabinete en el consistorio, se enfrenta a una ardua tarea de ordenación y desarrollo urbanístico de su ciudad natal.

Arquitecto titulado en Madrid, en 1869 solicita la plaza vacante de ayudante de Arquitecto Municipal en mayo de 1870, siendo titular del puesto desde 1897 hasta 1909, año de su jubilación. Muere en 1911.

En la Exposición Universal de 1888, celebrada en Barcelona, Goicoa recoge el galardón en nombre del Ayuntamiento de Donostia / San Sebastián, por la labor que esta corporación estaba desempeñando en el desarrollo urbanístico de la ciudad. Por estos años se habían levantado ya algunos de los monumentos que incluye esta ruta y se estaba acometiendo el remate de la construcción de la capilla.

El muro de cerramiento es obra del cantero de Elorrio Francisco Eguren Muguruza, asentado en esta ciudad en 1867 y con almacén de cantería cerca de Polloe. Muchos de los monumentos funerarios levantados en Polloe salieron de su taller. A su muerte, en 1903, será su mujer quien esté al frente del negocio, para luego ser su hijo, Bonifacio Eguren Gárate, quien tome las riendas. Este muere en 1932.

El muro principal de cerramiento se presenta en un solo cuerpo, siendo parte de este la capilla en posición central y edificios medianeros flanqueándola. Estos contenían las dependencias que cubren las necesidades de la función del recinto: según el proyecto, se planteó ubicar en las plantas bajas las salas de autopsias y depósito de observación, mientras que en las plantas altas residían el párroco y los guardianes.

El acceso al camposanto se realiza a través de dos arcos de medio punto: a la izquierda, el arco de entrada a la calle San Vicente, y a la derecha, el arco de acceso a la calle San Sebastián. Ambos santorales representan a la parroquia más antigua de la ciudad y al patrón de esta. El edificio ubicado a la izquierda del arco de San Vicente se construye en 1886, trasladando aquí la sala de autopsias, el depósito fúnebre y la habitación del médico, por tanto, poco duró en su antiguo emplazamiento. El edificio que hoy contemplamos es fruto de la reforma de 1905. Sobre su fachada principal, el símbolo Omega nos habla de su destino.

En 1894 se crea la plaza de capellán y, al año siguiente, se construye su vivienda, situada a la derecha del arco de San Sebastián.

El tímpano del arco de entrada a la capilla, así como los de los arcos de acceso al recinto santo, recogen el programa iconográfico acorde con el espacio que cierran. El municipio encarga al escultor mallorquín Jacinto Mateu los trabajos de dirección de la talla. Mateu llega a San Sebastián en 1873, siendo nombrado en 1888 profesor de la Escuela de Artes y Oficios en la asignatura de Vaciado, Modelado y Talla.

Se ha trasladado al exterior de la capilla la evocación del acto eucarístico: el Cordero Pascual que ha de ser sacrificado –Cristo– se rodea de espigas de trigo y de racimos de uvas, aludiendo a su cuerpo y sangre. Esta última referencia reaparece en los frontones de los arcos de acceso al cementerio, asociada a elementos que nos acompañarán en la espera: la antorcha invertida nos ilumina ese mundo de tinieblas y la corona, de fruto cerrado que germina en su interior, alude a la esperanza que durante ese tiempo se va afianzando en la Resurrección. El momento esperado ha de llegar, y así nos lo indica el sudario, ya libre del cuerpo.

Un sencillo estilo románico ha sido el recurso estilístico para el arco de acceso a la capilla, asociado además a la iconografía de aquellos primeros cristianos. Un sentimiento de ascensionalidad equivalente a la idea de resurrección es lo que se ha buscado en los dos accesos.

En ángulo a este muro principal se halla el acceso al cementerio de las personas no católicas. Se ha recurrido a la severidad del arte clásico para su portada.

En 1882, desde el consistorio de Juegos Florales, se sugiere que en los arcos de acceso al camposanto se labre la misma inscripción que el insigne presbítero y escritor euskaldun D. Agustín Iturriaga mandó esculpir en el antiguo cementerio de Hernani: Memento Mori, que llama a la reflexión a todas las personas que hasta aquí se acerquen ("Pronto se dirá de vosotros lo que suele ahora decirse de nosotros, ¡¡Murieron!!").

Hoy Polloe es un camposanto de altos cipreses; sin embargo, este no fue su aspecto original. En su proyecto se optó por la especie de árbol platanero, compañero de paseo por nuestra Alameda del Boulevard. Esta decisión contribuía a la opinión, ya apuntada, de que Polloe era un cementerio "hecho a la moderna". El 25 de noviembre de 1896, en sesión de ayuntamiento, se acordó sustituir esta especie arbórea por cipreses, a causa del daño que estaban ocasionando aquellos en muchas sepulturas. El periódico El Fuerista tomó la noticia con agrado al considerar esta variedad "… más apropiada al lugar". Sin embargo, hubo que esperar a los primeros años del siglo XX para que se procediera al cambio de arbolado.

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