21. Panteón Luzuriaga
- Año: 1943
- Propietario: Victorio Luzuriaga
- Arquitecto: Ricardo Olarán Añíbarro
- Ejecución: Altuna
- Estilo arquitectónico: Clasicismo
- Actividad: Industrial
- Fecha Nacimiento-Muerte: 1881-1960
Clasicismo. En 1943, Victorio Luzuriaga interpretó su pabellón industrial en Alza como un templo dedicado a la producción bien hecha. Ese mismo año reformó su antigua sepultura, contando con el arquitecto Ricardo Olarán, autor también del pabellón. Olarán recurrió al clasicismo para crear una arquitectura que se presenta como un monumental pórtico. Los elementos decorativos, aunque acordes con la función del monumento, parecen anecdóticos, especialmente las guirnaldas asociadas a cada pilastra. Estas, con su frente acanalado, evocan la decoración tubular del racionalismo. Junto con la cruz alargada, refuerzan la verticalidad del conjunto, como símbolo de ascensión ligada ahora a una vida cristiana bien llevada. En la segunda mitad del siglo XIX, mientras florecía la industria metalúrgica en Gipuzkoa, San Sebastián quedó al margen pese a contar con un puerto naviero, priorizándose su papel residencial y de ocio. Aun así, Javier Luzuriaga Arpide (1855-1928) fundó en 1887 una pequeña fundición junto a un socio en el Paseo del Muelle, trasladándose luego a la calle 31 de Agosto. En 1898 dio un paso más con la apertura de instalaciones en Ategorrieta, y veinte años después se consolidó en Pasaia con la compra de Fundiciones Molinao. A su muerte, lo sucedió su hijo Victorio Luzuriaga Iradi (1881-1960), quien convirtió Astilleros Luzuriaga en un verdadero imperio industrial. Enfrentaron y resolvieron con determinación los obstáculos del sector: instalaron un dique flotante en Pasai San Pedro durante la República, importaron carbón de cok desde Inglaterra tras la Segunda Guerra Mundial, fabricaron gasógenos durante la escasez de gasolina en los años cuarenta —lo que les permitió entrar en la producción de piezas para automóviles y colaborar con SEAT— y adquirieron una central térmica en Hernani para paliar los continuos apagones eléctricos. Su hijo Francisco Luzuriaga Tobalina y su yerno José Urresti Andonegui tomaron el relevo en la dirección, hasta que en los años setenta la empresa entró en crisis, como todo el sector siderúrgico vasco. A principios de los años noventa desapareció "Astilleros Luzuriaga S.A.", una empresa que, en sus mejores tiempos, llegó a emplear a 4.000 obreros. La factoría pasó entonces a manos de Fagor. El 24 de diciembre de 1888, el periódico El Guipuzcoano publicó la noticia de que el premio gordo de la Lotería de Navidad había caído en San Sebastián. “Los Sres. Iraizoz y Luzuriaga, fundidores del Muelle que tenían un décimo, han obtenido 25.000 duros…” El número premiado fue el 4211. Gracias a ese premio y a un crédito bancario, Javier Luzuriaga compró la Fundición Molinao a sus entonces propietarios: la familia Brunet y el Duque de Mandas. La operación se cerró con un apretón de manos.